martes, 20 de enero de 2015

The last war.

Hoy he podido disfrutar de un documental de historia sobre la Primera Guerra Mundial. Digo disfrutar en el sentido irónico, ya que el documental, contado en primera persona por un soldado superviviente es cierto que me ha abierto los ojos sobre varios aspectos pero sin duda me ha espantado las atrocidades que cometieron nuestros antepasados, nuestros antecesores. En el documental el soldado relataba las innumerables batallas qué habia presenciado y en las que habia participado, como un simple peón más a merced del azar. Y la pregunta del millón es: ¿Que sucedió? ¿Qué motivo, proposito tan absolutamente razonable, lógico y humano había para semejante barbarie? Cuando estudiamos esa guerra, se nos recita una cifra aproximada de muertos. Muertos. ¿Qué palabra mas abstracta verdad? Y que bien lo resume todo. Pero no. Hay más. Mucho más. Esos 'muertos' eran personas como yo, con una vida propia, unas metas, aficiones, familia, amistades..Parece irreal. ¿Y esos cuatro años de desesperación,dolor, masacre, sufrimiento en letras grandes debido a qué? ¿A la avaricia, la ansia de poder, la ignorancia, la falta de humanidad? Pienso en los seres que regocijándose eran cómplices de esas millones de personas yacidas sin vida entre escombros y se me revuelve el estomago. ¿Cómo podíamos ser tan simples? ¿Tan desprovistos de compasión alguna? Ejecutar a alguien, fusilar a alguien. En aquellos años, una frase popular al orden del día. ¿Fácil, no es así? Un disparo y no ha pasado nada. ¿Nada? ¿Pueden esas personas mirarme a los ojos y responderme a una simple pregunta? ¿Podéis dormir? ¿Quién consuelará a los mantos negros de las viudas? Y me imagino a miles de madres, padres, hermanos, esposas, hijos o hijas en el umbral de la puerta esperando un regreso invisible como la niebla que deja tras de si el mortal gas utilizado en esta carnicería. Se supone que los avances tecnológicos y científicos deben ser utilizados para fines buenos, otra suposición inequívoca que sumar. ¿Y, para que sirve luchar? ¿Matarse unos a otros? ¿Sacrificarse, para qué? ¿Para alimentar la venganza y el odio, para retroceder en el tiempo, para ensañarse como demonios sin alma? Nunca lo entenderé. ¿Y la sangre derramada en la tierra de nadie, en el suelo virgen de pólvora asesina, de qué ha servido? Ojalá las armas se hubiesen quedado en un simple boceto, en una simple idea extravagante implantada en la mente de un cientifico loco. ¿Dónde quedo en aquel tiempo el entendimiento, el diálogo? Tan pronto como apareció se desvaneció. Soy una persona bastante sensible y ver aquellos cuerpos desmembrados, aquellas vidas arrebatadas, millones de soldados, hombres valerosos sacrificandose por una causa sin motivo. ¿Y aquellos que declaran la guerra? ¿Que juegan impasibles con esas vidas, dónde? ¿Dónde están? ¿Acaso los veo sudorosos en las trincheras intentando sobrevivir de una herida en carne viva? Ah, no, me equivoco. Aquellos personajes mientras balas agujereaban pechos inocentes estaban sentados en su lujoso sofá situado en su lujoso palacio fumando una pipa. Nada justifica lo que ocurrió en los años 1914-1918. Nada. Todos tenemos exactamente los mismos derechos. Todos somos seres humanos, aunque algunos no lo parezcan. Solo espero, que hayamos aprendido de ese error descomunal que debería a todos dejarnos un sabor agrio y plantearnos cómo queremos seguir viviendo, si en una guerra constante y desalmada o en una paz serena y en mutuo acuerdo.








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