martes, 27 de enero de 2015

Perdió su cordura de la noche a la mañana como quién apaga un cigarrillo chamuscado. Los árboles le sonreían, las calles le engullían, los pájaros le distraían. Y él hacía caso omiso a esas voces inhumanas que se repetían constantemente en su cabeza, luchando con su conciencia.


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