domingo, 22 de junio de 2014

Alone

El viento le trajo recuerdos ya enterrados.Tumbada en la hamaca, se dejaba mecer con suavidad. Sus ojos abiertos vagaban en la oscuridad de la noche. Una noche estrellada. Una noche de verano. Observó con detenimiento las brillantes estrellas que la observaban desde lo alto. Se perdió en un mar de recuerdos. Ella siempre había sido una chica risueña, una chica alegre que miraba la vida como el juego mas dificil de jugar pero a la vez mas divertido. Ahora era fría como el hielo, una barrera había surgido ante ella creada a través de las decepciones, de las criticas y las traiciones, pero sobre todo del dolor. Ya no confiaba en nadie. Ya no agobiaba a nadie con sus problemas. No se podía fiar ni de su propia sombra. Se había convertido en una figura solitaría que habitaba en su cuarto y a veces en su jardín. Atrás quedaban los sabados de marcha salvaje, de miles de bebidas alcoholicas, de conocer gente, de saborear la juventud. Ya no podía hacer eso sin sentirse vacía. Un hueco vacío dificil de sustituir se había instalado en su pecho presionandola y agobiandola. No había marcha atrás. Lo hecho estaba hecho. Sus padres eran los únicos que comprendían su dolor. A sus diecisiete años de edad Jessica era una incomprendida. Y tenía la sensación de
que lo sería por mucho tiempo más. Cerró los ojos con lentitud y al instante una imagen se le apareció. Sus ojos grises le miraban con intensidad, sus rizos castaños color chocolate le caían por la frente desordenados dandole un aspecto informal y sus finos labios rosados se encontraban entreabiertos. Deseaba escuchar su voz. Deseaba abrazarle tan fuerte que doliese. Por que más le dolía no tenerlo a su lado. Acariciandole el pelo, ríendose de sus chistes malos, apoyandola sin juzgarla. Pero Jessica sabía que solo era un producto de su mente, esa imagen segundos después se borraría y daría paso a un llanto prolongado por parte suya provocado por un familiar nudo en la garganta. Era su rutina. Sabía que Sean no volvería a estar a su lado, la vida, cruel y devastadora se lo había arrebatado en un accidente. Habían pasado dos meses, se había aislado del mundo, alejandose de sus amigos, y no había dia en que no soñase con él, para despertarse en un reguero de lágrimas. ‘Pasará' se dijo a sí misma. ‘Lo olvidaré, lo superaré.' Pero lo que ella ignoraba es que los grandes amores no se olvidan nunca, siempre quedan marcados,dejan una huella profunda que nos hace siempre recordarlos.





























domingo, 8 de junio de 2014

The book.

 Hanna solo quería llegar a casa, encerrarse en su cuarto y devorar libros como si no hubiese un mañana. Vale, puede sonar algo exagerado, pero lo único que la mantenía viva eran sus fieles compañeros, los que nunca la dejarían, los que nunca la juzgarían, los que le transportarían a mundos nuevos, lejanos, mundos mágicos. Desde pequeña, había desarrollado un gusto especial por la lectura, se sumergía horas y horas en un libro nuevo que para ella era el mejor regalo posible. Sufría con los giros que el autor, cruel y devastador daba a la historia. Se metía dentro del libro, siendo así un personaje más. Sus ojos no se despegaban del blanco papel, ansiosos de descubrir el próximo capítulo. Su mejor amigo era un libro. Y ella no se arrepentía de eso. La lectura, una fuerza sabia y poderosa le había consolado en los días grises, le había enseñado lecciones, le habían hecho pensar por un rato que no era tan incomprendida. Miles de libros en su estantería sintiendose reyes de su habitación, puesto eran ellos los que le daban el sentido a todo. Y es que un libro te permite viajar sin moverte del sofá. Te permite soñar, te permite desplegar las alas de tu imaginación, te da esperanza, a veces miedo, otras intriga, y otras un deseo ansioso de encontrar el amor cual principe y princesa en un cuento de hadas. Hanna había desarrollado una teoría: 'La lectura no es un vicio, es un acto libre y voluntario, que nace en nuestro cerebro, que nos toca el corazón.' Cuando moría un personaje, cuando un amor imposible y una muerte acechaban,las lagrimas silenciosas cubrían los ojos celestes de Hanna. Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado es un amigo que espera, olvidado un alma que perdona y destruido un corazón que llora. Su vida era una espiral de fracasos y burlas pero cuando el suave tacto de la encuadernación de un libro llegaba a sus manos, cuando llegaba al final del libro, ese final que deja un sabor amargo o una dulce reconciliación, no existian los gritos en su casa, ni los abucheos en su instituto, solo le esperaba una historía que descubrir. Y es que la mejor manera de escapar de su mente era transportandola a un libro.

sábado, 7 de junio de 2014

Summer.

Los rayos del sol colándose por la ventana le hacen cosquillas en la nariz. Medio adormilada, abre los ojos y suelta un sonoro bostezo. Observa tras el cristal el magnifico día que hace, ni una sola nube se atreve a asomarse. El cielo, limpio y azul transmite alegría y esperanza. Una gran bola de fuego llamada sol ilumina y irradia luz desde lo más alto. Las aves, rápidas y agiles gozan de su libertad y realizan numerosas piruetas en el aire, conscientes de que son las dueñas del cielo, sus alas se extienden majestuosas, vuelan y vuelan y vuelan hasta alcanzar el infinito. Abajo, la naturaleza vive su mayor explendor, los arboles dan sabrosos frutos, los pastos frescos dan de comer al ganado y toda la tierra está cubierta por un verde hipnotizador. Los gritos de alegria de los niños resuenan en las calles siendo la melodia mas dulce. Se respira tranquilidad. Anna descorre las cortinas. Se enfunda sus jeans de color beige,su cazadora vaquera y sus manoletinas preferidas, coge su bandolera de ‘The beatles' y sale a el exterior. Un sentimiento de calidez le embarga por completo. Presiente que hoy va a ser su día. Y es que no es un día cualquiera. Hoy empieza el verano.