viernes, 12 de febrero de 2016

Keep learning

Todavia estoy aprendiendo.
A mis diecisiete años de vida, todavía me cuesta mirar a los ojos y mentir. Todavia necesito aprender a no llorar cuando llego a la última página de mi libro favorito. Todavía no puedo evitar cerrar los ojos al escuchar mi canción favorita y rememorar tiempos pasados. Todavía no he aprendido a dejar de echar de menos al tener la foto de mi mejor amiga entre mis manos y maldecir a la distancia.
Todavia no he aprendido a desconfiar de todos. Todavía no he aprendido a quererme a mi misma completamente.
Todavía no he aprendido a organizar todos mis apuntes y no arrugar absolutamente todas las hojas.
Todavia no he aprendido a consolarme y levantarme sin ayuda de nadie.
Todavia no he aprendido a sonreír sin ningun motivo.
Pero sobre todo, todavía no he aprendido a dejar de soñar. Y me congratulo de ello.


La distancia es la excusa que se ponen las personas que han desistido en sus fuerzas para mantenerse unidas.

Es gracioso cómo necesitamos sentirnos parte de algo, sentir que alguien nos quiere, que nuestra existencia no pasa tan desapercibida, sentir que dejamos huella de alguna manera.
Es gracioso cómo así, nuestro estado de ánimo depende de las personas a las que queremos o que nos importan en vez de depender absolutamente de nosotros. Ya, que al fin y al cabo, en la vida, desde que naces hasta que mueres únicamente te tienes a ti mismo. Tu eres el que pase lo que pase no te vas a abandonar. 
Se me ocurre la comparación de mi mítico amigo, personaje de personajes, el joven Werther que basó su felicidad en su amada, la hermosa Lotte. Con ella podía ser el hombre más feliz del universo, mas completo, etc.. Pero sin ella no era más que un saco de inseguridades y locura. Era un hombre tan voluble que incluso en ocasiones confiaba su caracter en la naturaleza. A veces, cuándo el sol se ausenciaba,
la oscuridad se cernía sobre él.
El romanticismo es lo que tiene.
A eso es lo que me refiero, en el fondo todos somos unos románticos empedernidos, independientemente de la amistad o del amor, no podemos evitar sentirnos vacios, insignificantes, con el ánimo decaído cuando nuestras expectativas no se cumplen con esas determinadas personas.
Debemos aprender a vivir por y para nosotros mismos. Si quieren llorar con nosotros, adelante. si quieren reir con nosotros, bienvenidos. Pero nunca debemos dejar que penetren tanto en nosotros que se conviertan en la ausencia de nuestros llantos o sonrisas por el mero hecho de no sentir su apoyo o su compañia.
Consejo aplicado por experiencia, señores y señoras.

domingo, 7 de febrero de 2016

¿Love you?

Me sorprende vuestra capacidad de decir te quiero. Así, a lo loco.
Cómo si esa palabra no englobase un mundo entero, miles de sensaciones, emociones y un largo etc.
Pero lo que más me sorprende es que al tiempo le quiteis importancia y la echéis por tierra. 
El reloj marcaba las 00:00 de la madrugada. 
El búho ya no se asomaba.
Las teclas del desgastado piano reposaban en aquel tuburio. 
Una copa de whisky jugueteaba en sus manos temblorosas, inquietas.
El jazz retumbaba entre aquellas paredes llenas de grietas y de lamentos
La luna se presentaba descarada, las estrellas, 
doradas.