viernes, 12 de febrero de 2016


Es gracioso cómo necesitamos sentirnos parte de algo, sentir que alguien nos quiere, que nuestra existencia no pasa tan desapercibida, sentir que dejamos huella de alguna manera.
Es gracioso cómo así, nuestro estado de ánimo depende de las personas a las que queremos o que nos importan en vez de depender absolutamente de nosotros. Ya, que al fin y al cabo, en la vida, desde que naces hasta que mueres únicamente te tienes a ti mismo. Tu eres el que pase lo que pase no te vas a abandonar. 
Se me ocurre la comparación de mi mítico amigo, personaje de personajes, el joven Werther que basó su felicidad en su amada, la hermosa Lotte. Con ella podía ser el hombre más feliz del universo, mas completo, etc.. Pero sin ella no era más que un saco de inseguridades y locura. Era un hombre tan voluble que incluso en ocasiones confiaba su caracter en la naturaleza. A veces, cuándo el sol se ausenciaba,
la oscuridad se cernía sobre él.
El romanticismo es lo que tiene.
A eso es lo que me refiero, en el fondo todos somos unos románticos empedernidos, independientemente de la amistad o del amor, no podemos evitar sentirnos vacios, insignificantes, con el ánimo decaído cuando nuestras expectativas no se cumplen con esas determinadas personas.
Debemos aprender a vivir por y para nosotros mismos. Si quieren llorar con nosotros, adelante. si quieren reir con nosotros, bienvenidos. Pero nunca debemos dejar que penetren tanto en nosotros que se conviertan en la ausencia de nuestros llantos o sonrisas por el mero hecho de no sentir su apoyo o su compañia.
Consejo aplicado por experiencia, señores y señoras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario