martes, 18 de agosto de 2020

¿Andrea?

 A veces me resulta dificil reconocerme. 

Saber quién soy.

En los últimos meses mi imagen se ha vuelto borrosa, se ha difuminado.

Es díficil convivir con los cambios, con las nuevas experiencias, saltar sin experimentar vértigo.

¿Qué Andrea soy?

¿Soy la Andrea triste, con ansiedad, 

o soy la Andrea risueña, habladora, entusiasmada con todo?

Soy esa que daría todo por volver a aquella aula formada por veintitrés personitas que hacían que los días cobrasen sentido. 

Una mirada de esos grandes y curiosos ojos azules que tiene Karlota. Una de las miles de preguntas que Yann, apasionado del conocimiento, me preguntaba. La tímidez de Lorenzo y como sus ojos se achicaban cuando conseguia arrebatarle una sonrisa. 

Miles de abrazos que se quedaron en el tintero.

Soy esa que bailaba "Partenaire Particulier" rodeada de personas a las que no conocía, con las que apenas me podía comunicar, pero que sorprendemente podía ser yo.

Soy esa que echará de menos vivir con su mejor amiga, las noches pidiendo comida y viendo películas, riendo, cantando, bailando. Cuándo todo era más facil.

Soy esa que echará de menos los paseos por el retiro, los cafés en el Oso y el Madroño, ver el Pirulí de vez en cuando, pasear por O'Donnell y escuchar como tradición "Cheers Darlin" de Damien Rice.

Aún sigo cerrando los ojos y recostándome en mi hombro favorito al escuchar "The moon song", aún sigo teniendo sus abrazos, y, menos mal.

Aún sigo riéndome sin descanso cuándo veo a mis amigos de siempre, aunque nos hayamos echado de menos por meses, todo sigue igual.

Soy esa que se niega a ser adulta. Soy esa que acepta todo o nada. Soy la Andrea comprensiva y la Andrea radical. Soy esa que en seis meses ha visto su mundo cambiar, externo e interno. 

Ahora las cosas no se ven tan claras. O... ¿Alguna vez habían sido tan claras?

Soy esa Andrea que aún sigue siendo sensible a la luna, a las estrellas, al cielo latente de vida.

Ahora dudo más. De mí misma. De los demás. Que complejidad esto de cambiar. Que complejidad esto de ser humano. Y que cliché suena.

Todo parece más simple cuando lo escribes. Al menos, para mí.

Ahora soy menos inocente. Menos ingenua. 

Quizá deba ser así, esto de crecer, pero, me gustaba ser así. 

Los cambios me aterran profundamente. Pero a la vez me alivian. 

¿Supongo que esto es la vida, no?

lunes, 21 de octubre de 2019


Me quedo muda cuándo me miro en el reflejo del espejo.
En el reflejo de los charcos que regala mi adorada lluvia.
Chispea,
Pero no fuera,
Diluvia dentro, muy dentro de mí.
Mis párpados se encogen, recelosos.
Mis rodillas se sacuden violentamente, luchando por ese equilibrio que hace tanto tiempo me abandonó.
Llevo sosteniéndome sobre un fino hilo desde hace algo más de un año.
No lo percibía, pero cada vez que resbalaba, ella tomaba la partida.
Sigilosa, cauta, inteligente.
No solo aparecía cuándo la luna relevaba al sol y la oscuridad se cernía sobre los mortales.
También deslumbraba en los rayos fulgurantes de sol y, en la pacifica brisa que te hace exasperar mientras intentas  en vano apartar el cabello de tu cara, ahí permanecía.

Estaba en todas partes.

Se iba colando poquito a poquito, en las ínfimas rendijas que mi mente y mi cuerpo le brindaban.
Todo carecía de color.
Los árboles ya no saludaban agitando sus extravagantes ramas, los semáforos ya no echaban un pulso, las sonrisas de la gente eran muecas de hastío.

A mí, que tanto he amado el color negro, debo admitir que necesito un poco de verde.
Mentiría si no dijera que siento que lucho sola, completa y únicamente sola contra ella, pero, supongo, que así debe ser.
Las personas te quieren. Pero te quieren bien. Los humanos odiamos los sentimientos de impotencia, de nostalgia, de tristeza.
No sabemos cómo reaccionar ante ellos. Que herramientas, que armas usar.

Así que nos hacemos a un lado.
Me encuentro en una vorágine de sentimientos que amenazan con despojarme de mi autentico ser.
Es todo tan trágico y tan poético, a la vez.
¿Volveré a sentirme acompañada? ¿A sentir ilusión?
Quizá sí, quizá no.
La única certeza que ahora mismo poseo es que te has convertido en mi mejor amiga, Ansiedad.


jueves, 8 de agosto de 2019

Temprano llegó su hora,
más lejos de atemorizarse,
sintió un peso quitarse.

Baldazos de realidad abriéndose pasos entre la multitud,
el hedor de la muerte vibra en el ambiente.

Con rostro cansado, se inclina,
ante el cual fue un día su Dios,
y al que jamás falló.

Guardando composturas, sacrificando bienes,
abordando injurias, condenando pecados.

A las puertas del cielo espera, tras nubes blancas,
como la espuma de los mares.

Pero el mar es real, tan pronto como se le antoje puede segar vidas,
engullir recuerdos, velar por los nuestros.

Pobre iluso, dedicaste tu vida a un espejismo, a un cuento para recién nacidos,
a una fé incuestionable, y, ahora,
tras tu empeño y fervor,
no puede ni tu devoción salvarte de yacer solo,
rodeado de cientos de fábulas,
de estudios infinitos,
pero sin un mínimo de resquicio de vida en tu ya no tan latente corazón.

sábado, 11 de mayo de 2019

A veces no hay oscuridad.
Sólo un día soleado, una luz estremecedora.
Hay veces que tú misma invitas a la oscuridad. Te reconfortas en ella. Te sientes segura. A salvo. Bajas la persiana, la habitación es una dulce penumbra.


Pero ten cuidado. Quizá ésta se quede para no marcharse.
Ya sabes,
a veces somos un poco como el mar, 
que esconde los más relucientes tesoros en sus profundidades
y,
en la superficie, las canciones danzan al ritmo del oleaje,
fotografías desteñidas flotan en medio del caos,
las risas hacen eco en las burbujas, el llanto ejerce de lluvia y provoca que la playa se inunde.
Pero nosotros solo nadamos hacia el fondo, atraídos por el resplandor. Si salimos a la superficie nos terminaremos ahogando entre recuerdos.

martes, 9 de abril de 2019

Cómo en una jaula de cristal. Sólo que no tiene salida.
En este instante me puedes ver.
Quizá en lo que tardes en suspirar ya no esté aquí.
Soy como ese bostezo en la madrugada que se pierde en el halo de nostalgia que invade la habitación.
O, por el contrario, soy esa sensación de adrenalina que recorre tu cuerpo al estrechar entre tus brazos a esa persona que significa hogar.
Efímera, pero eterna.
Dura lo suficiente para provocar un dolor o un júbilo que se instala en los recovecos.
La primavera ya está aquí. ¿Durará una milésima de segundo más?
¿Las flores aguantaran con braveza los desamores?
¿El sol seguirá brillando sin dejar de eclipsarse por la negrura?

viernes, 23 de noviembre de 2018

ηρεμία

Supongo que era ese tipo de persona que amanecía con el alma llena de legañas y se acostaba con miles de remotas y complejas historias rondando su cabeza.
Enfríaba la ansiedad que tanto la consumía, en secreto, sin que nadie se percatase, en las gélidas calles de Madrid, durante sus paseos matutinos, la nostalgia y incertidumbre parecían esfumarse gracias a sus adoradas canciones. 
Peregrinando entre los matices de las rojizas hojas que descansaban en el sinuoso camino, se sentía libre, en las madrugadas, su soga se aflojaba y su mente le daba una pequeña pero merecida tregua.
Alessia Tondo recitaba dulcemente en el idioma más nostálgico acompañando a la Nuvole Bianche del virtuoso Einaudi. 
No había un por qué. Nunca lo había habido. Y quizá eso era lo más absurdo y complicado de todo. El tiempo transcurría, se mecía con sigilo ante sus pupilas, advirtiendo, vigilando cada uno de sus pasos, apresurándole, recordandole la proximidad del futuro. Podía sentir el eco del tic-tac latiendo en sus sueños.
Todos los días intentaba ponerse a sí misma nuevas metas, intentaba hallar la felicidad en las carcajadas que las personas que quería le brindaban, en la suerte que tenía por tener determinadas cosas, en decirse a sí misma que la soledad no era tan mala, que tenia que aceptar que todos, tarde o temprano, se irían. 
Más, cuando Selene relevaba a Helios, todos sus monstruos se fundían conjurando a las estrellas una agonía invisible que le hacía capaz de sonreír y disfrutar frente a los demás pero marchitaba su esperanza interiormente.
Pasaría. Siempre se decía a si misma. Pasaría.