A veces me resulta dificil reconocerme.
Saber quién soy.
En los últimos meses mi imagen se ha vuelto borrosa, se ha difuminado.
Es díficil convivir con los cambios, con las nuevas experiencias, saltar sin experimentar vértigo.
¿Qué Andrea soy?
¿Soy la Andrea triste, con ansiedad,
o soy la Andrea risueña, habladora, entusiasmada con todo?
Soy esa que daría todo por volver a aquella aula formada por veintitrés personitas que hacían que los días cobrasen sentido.
Una mirada de esos grandes y curiosos ojos azules que tiene Karlota. Una de las miles de preguntas que Yann, apasionado del conocimiento, me preguntaba. La tímidez de Lorenzo y como sus ojos se achicaban cuando conseguia arrebatarle una sonrisa.
Miles de abrazos que se quedaron en el tintero.
Soy esa que bailaba "Partenaire Particulier" rodeada de personas a las que no conocía, con las que apenas me podía comunicar, pero que sorprendemente podía ser yo.
Soy esa que echará de menos vivir con su mejor amiga, las noches pidiendo comida y viendo películas, riendo, cantando, bailando. Cuándo todo era más facil.
Soy esa que echará de menos los paseos por el retiro, los cafés en el Oso y el Madroño, ver el Pirulí de vez en cuando, pasear por O'Donnell y escuchar como tradición "Cheers Darlin" de Damien Rice.
Aún sigo cerrando los ojos y recostándome en mi hombro favorito al escuchar "The moon song", aún sigo teniendo sus abrazos, y, menos mal.
Aún sigo riéndome sin descanso cuándo veo a mis amigos de siempre, aunque nos hayamos echado de menos por meses, todo sigue igual.
Soy esa que se niega a ser adulta. Soy esa que acepta todo o nada. Soy la Andrea comprensiva y la Andrea radical. Soy esa que en seis meses ha visto su mundo cambiar, externo e interno.
Ahora las cosas no se ven tan claras. O... ¿Alguna vez habían sido tan claras?
Soy esa Andrea que aún sigue siendo sensible a la luna, a las estrellas, al cielo latente de vida.
Ahora dudo más. De mí misma. De los demás. Que complejidad esto de cambiar. Que complejidad esto de ser humano. Y que cliché suena.
Todo parece más simple cuando lo escribes. Al menos, para mí.
Ahora soy menos inocente. Menos ingenua.
Quizá deba ser así, esto de crecer, pero, me gustaba ser así.
Los cambios me aterran profundamente. Pero a la vez me alivian.
¿Supongo que esto es la vida, no?
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