martes, 9 de abril de 2019

Cómo en una jaula de cristal. Sólo que no tiene salida.
En este instante me puedes ver.
Quizá en lo que tardes en suspirar ya no esté aquí.
Soy como ese bostezo en la madrugada que se pierde en el halo de nostalgia que invade la habitación.
O, por el contrario, soy esa sensación de adrenalina que recorre tu cuerpo al estrechar entre tus brazos a esa persona que significa hogar.
Efímera, pero eterna.
Dura lo suficiente para provocar un dolor o un júbilo que se instala en los recovecos.
La primavera ya está aquí. ¿Durará una milésima de segundo más?
¿Las flores aguantaran con braveza los desamores?
¿El sol seguirá brillando sin dejar de eclipsarse por la negrura?