jueves, 8 de agosto de 2019

Temprano llegó su hora,
más lejos de atemorizarse,
sintió un peso quitarse.

Baldazos de realidad abriéndose pasos entre la multitud,
el hedor de la muerte vibra en el ambiente.

Con rostro cansado, se inclina,
ante el cual fue un día su Dios,
y al que jamás falló.

Guardando composturas, sacrificando bienes,
abordando injurias, condenando pecados.

A las puertas del cielo espera, tras nubes blancas,
como la espuma de los mares.

Pero el mar es real, tan pronto como se le antoje puede segar vidas,
engullir recuerdos, velar por los nuestros.

Pobre iluso, dedicaste tu vida a un espejismo, a un cuento para recién nacidos,
a una fé incuestionable, y, ahora,
tras tu empeño y fervor,
no puede ni tu devoción salvarte de yacer solo,
rodeado de cientos de fábulas,
de estudios infinitos,
pero sin un mínimo de resquicio de vida en tu ya no tan latente corazón.