Rozando lo lejano,
te convertiste en lo más cercano.
Rompiendo mis esquemas,
volviendo mi mente loca.
Tan sencilla y tan compleja,
tan pérfida y tan rota,
rota en mil pedazos,
pedazos que alguién se encargará de pegar o,
de esparcer en algún mar cuyo nombre se ha olvidado ya.
Mira a tu alrededor,
terremoto descatalogado,
estrella fulminante,
demonio andante.
Ya te encuentras destrozada,
¿para qué más dolor?
Sigue vagando por la Luna,
confusa y sin maldad alguna
qué yo trazaré los destellos del sol.
'Cómo una caricia, un beso al nacer, un abrazo aun tibio, una sonrisa congelada, miles de palabras atrapadas.'
domingo, 28 de junio de 2015
Quizá el problema sea yo.
El estorbo, la extraña, la insensata.
Pero tranquilos, lamere mis heridas en silencio.
Buscaré consuelo en el infierno al que vosotros llamáis ficción.
Desapareceré, tranquilos. Ya no os inquietaré con mi presencia.
Acompañaré a la luna en sus noches frías y al sol en sus destellos, rogando que alguien me arrope, clamando venganza, sufriendo añoranza.
martes, 23 de junio de 2015
Change
Cambió el satén por el algodón, el esgrima por la escoba, el caviar por el pan, el silencio por los gritos, las lecciones por las experiencias, los modales por la simpleza. ¿Y, qué ganó?
No gano riqueza. Ni mucho menos obtuvo poder. Ni pensar siquiera que adquirió popularidad o recompensa alguna. Cambió la indiferencia por la inconformidad. Cambió la monotonía por una sucesión de aventuras, cambió la seguridad por el peligro y la comodidad por el desastre, cambió sus ideas, cambiaron sus valores, cambiaron sus ojos. ¿Y, a cambio de todos estos cambios, qué ganó? Una palabra, más bien, llena de significado, un espíritu que se palpa, un bien que se gana. Libertad, eso fue su mayor regalo.
Hoy el café huele a ti. Si, ya está. Lo he dicho. Huele a tí. Y su aroma se impregna en mi ropa, en mis gestos, en mis suspiros. ¿Suspiros que huelan a café? Hoy el cielo me recuerda a tí. Azul eléctrico, encapotado, rodeado de miles de pretendientas, nubes se hacen llamar, que hacen cola para exhibir sus mejores galas. Pero ahí estás tú. Por más lluvia que se haga presente, por más granizo y por más nieve, por más ventisca y por más aire, las rechazaras y brillarás. Brillarás. Y tu brillo será aquel recuerdo amargo que se deja caer en la noche de un domingo, cómo aquella imagen que se disipa lentamente de tu memoria aunque te esfuerces por lo contrario, cómo esa mota de polvo olvidada en algún rincón somnoliento. Quizá sea yo, que todo me recuerda a tí. Quizá sea el paisaje, tratando de torturarme. O quizás seas tú, intentando engatusarme. Quién sabe. La verdad morirá de cualquiera manera, y, ni tu ni yo seremos sus asesinos. De momento, me quedaré empapado por una torrencial lluvia de agosto aspirando un curioso aroma a café. ¿Capuccino, quizá?