sábado, 11 de mayo de 2019

A veces no hay oscuridad.
Sólo un día soleado, una luz estremecedora.
Hay veces que tú misma invitas a la oscuridad. Te reconfortas en ella. Te sientes segura. A salvo. Bajas la persiana, la habitación es una dulce penumbra.


Pero ten cuidado. Quizá ésta se quede para no marcharse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario