martes, 13 de enero de 2015

And she..

Y ella suspiraba en su torre de cristal, sola, olvidada. Tan lejano sonaba el eco del viento ululando entre los arboles que terminó creyendo que sufría alucinaciones. Los labios se le agrietaban, las pupilas que se encontraban dilatadas por la nostalgia denotaban el dolor que le sacudía cual látigo invisible. Las peores cicatrices impartidas por la soledad se cosían a su espalda. Las palabras no salían. Sus cuerdas vocales no reaccionaban. Aturdida, intentó hablar pero el silencio fue su mejor respuesta. Se había quedado muda. Tanto tiempo sin comunicarse o expresarse había surtido su efecto. Las telarañas, ya instaladas en su corazón habían invadido por igual su voz. Una vez más, se recordó que apenas era un alma en pena vagando sin rumbo alguno, un fantasma del pasado atormentado encerrado en un palacio transparente que cada minuto le recordaba la miseria que era. El brillo del sol se colaba tenue entre las desgastadas cortinas que antaño deslumbraban ya no iluminaba su piel asemejada al oro ni cuyos rayos cosquilleaban en su nariz haciéndole estornudar. Extrañaba la sensación del aire fresco penetrando en sus pulmones, el placer de degustar un manjar, el más simple de todos aunque fuese. Esas sensaciones nunca volverían, se habían marchado junto al último latido de su centenario corazón.

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