martes, 28 de abril de 2015

Quizá no era el vértigo. Quizá no era pavor lo que sentía en aquel momento, en ese undécimo piso de aquel rascacielos de Nueva York. Quizá era locura sana. El mejor regalo posible para un ser humano. Vivir al límite, ansiar la aventura, penetrar en lo desconocido, explorar lo inexplorado.

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