sábado, 11 de abril de 2015

Adoro la soledad. Adoro el espíritu solitario, lleno de sabiduría, de misterio y anhelo, de nostalgia y locura, paseándose por las calles convertido en una frágil silueta transparente compuesta por miles de promesas de amor rotas, mil esperanzas deshechas, mil sueños efímeros. Ese espíritu que murmura palabras inteligibles al oído humano, qué duerme junto a la muerte, balbuceando gritos ahogados allá donde muere el sol. Un espíritu callado, un espíritu atormentado por sus propios pensamientos. La soledad, su fiel compañera, cuál gota de lluvia a su nube, le proporciona un espejismo de jovialidad  y un antídoto para su eterna agonía. Entonces..¿Sigues adorando la soledad?

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