Y esos volcanes erupcionando resultaron ser sus ojos, estrellas sedientas de brillo, cuchillos afilados, segando mi seguridad segundo a segundo y no dejando apenas un ápice de mi autoestima intacta. Podría negar el hecho de que esos dos enormes diamantes ensangrentados me desconcertaban insolitamente pero sería una falacia demasiado cobarde. Atrapado en esos remolinos yacía, engullido por aquella luz resplandeciente que antaño califiqué con el nombre 'amor'
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