miércoles, 4 de febrero de 2015

Death

La espeluznante idea había llegado a obsesionarle. Intentó apartar los afilados pensamientos que reinaban en su mente. Los temblores que sacudían su rígido cuerpo se sucedían cada cinco minutos, intensos, constantes, escalofriantes.  Se recostó como pudo en el sofá crema que había adquirido años atrás en un intento por convertir su hogar en un lugar confortable. Había comprado varios muebles y había mandado retirar los antiguos en un intento vago de consuelo esperando que  el pasado se desvaneciese. Volviendo al presente poso sus ojos en la gran chimenea donde las llamas bailaban al son del azote incansable del viento desnudado las ventanas. En sus ojos centelleo una chispa desconocida. Nunca había sido aventurero. No era audaz. Su carácter sosegado y sereno le había hecho ser una persona querida y no complicada. Ahora, en sus quizá últimos minutos de vida se devanaba los sesos en encontrar una respuesta. ¿Qué error había cometido?  El castañeo de sus dientes era ya notable. Ni el calor que transmitían las refulgentes llamas era suficiente. En un instante de lucidez o locura vió unos cabellos de color miel, unos ojos castaños estudiandole,  memorizando cada detalle de su rostro cómo temiendo que el olvido, que acecha sigiloso le arrebatase el recuerdo de su padre. Perlas azuladas derramaban sus ojos, mientras se sumía en la oscuridad percibió un silencio doloroso y una frase a medias: 'Te quiero, pa..' Su corazón cercenado se paró cual juguete que se detiene hasta que le das cuerda y vuelve a renaudar  y renovar nuestra ilusión, pero no había cuerda que valiese. Él lo sabía. Había llegado su temprana hora. La guadaña de la poderosa muerte le estaba esperando.

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