viernes, 27 de febrero de 2015

Another story more

Oscuridad. Es todo lo que puedo percibir. En mi interior, a mí alrededor, todo se alza tenebroso. Incluso la luz tiene oscuridad. Pensaréis que soy una psicópata pero permitirme contradeciros. Soy una adolescente normal o lo era, debido a las circunstancias acontecidas. Mi padre murió hace ya cinco largos meses. Sé lo que estaréis pensando. Oh, que pobrecita, no me gustaría estar en su lugar, qué fuerte es. No quiero autocompasión. La vieja enfermedad, el eterno y dañino cáncer no se apiado de él y sus 'adorados cigarrillos' o como yo les he apodado, los soldados de la muerte le derrotaron en una guerra desigual. He aquí el quid de la cuestión. Sé lo que direís ahora. Tu puedes seguir adelante, el tiempo lo cura todo, bla bla bla. Ingenuas ilusiones. Creedme, he intentado borrar el rostro de mi padre en sus últimos minutos, con esa espesa barba blanca y su cabello azabache diciéndome adiós y un te quiero. Pero no lo consigo. Cierro los ojos y está ahí. Pero no es real. No lo es. El vacío de mi pecho si. No he vuelto a ser la misma desde ese angosto día. Fue como si algo se rompiese dentro de mí y nada, absolutamente nada puede intentar siquiera reemplazarlo. Mi madre y mi hermano son unos auténticos zombies que viven como si no hubiese ocurrido nada, sumergidos en una monótona rutina. Pero sé que en el fondo están igual de rotos o incluso más que yo, solo que no pueden permitirse sumirse en una depresión. Es extraño. Yo he seguido con mi vida normal pero ahora todo se ve diferente. Mis amigos me han consolado y apoyado pero a través de los meses muchos han tirado la toalla al ver que me había convertido en una estatua, fría y rígida sin sentimientos. Las calles se ven grises, las personas no atraen mi atención, ¿desde cuando el cielo es negro? Bueno, lo de las alucinaciones algo nuevo. Quiero decir, es todo tan triste, tan carente de interés, es cómo si desde que se hubiese ido mi padre los colores se hubiesen enfriado, las plantas marchitado y el mundo mereciese la pena. Soy solo un alma que vaga deambulando sin rumbo alguno subsistiendo con el recuerdo de una persona en la que piensa 24 horas. Sé que no puedo seguir así mucho tiempo. Mi madre me ha inscrito en uno de estos grupos de apoyo. Si, ya sabéis, como los alcohólicos pero para personas que han pasado por situaciones traumáticas a una corta edad. No pierdo nada por intentarlo. Entro en la clase donde se imparten estas charlas y me colocó en un sitio de atrás intentado pasar desapercibida. Hay una chica en el escenario sosteniendo un micrófono en su mano. Es guapa, y joven. Tendrá cuatro años más que yo. Empieza a hablar y del tono de su voz ya me atrapa. Todos mis sentidos están puestos en sus palabras, sus ideas.
Sé que es duro perder a una persona a la que quieres por encima de todo y de todos. La única persona que puede calmarte con sólo un abrazo o decepcionarte como ninguna. Todas las personas de esta sala entenderéis lo que digo. Padres, madres, hijos, hijas, nietos, nietas..A todos se nos ha arrbeatado una parte de nuestra vida. Ahora bién. Tenemos dos únicas opciones. Rendirnos y ahogarnos en la angustia y nostalgia día a día hasta que llegue un día en el que no recordemos que estamos haciendo aquí y quienes somos o seguir adelante, por supuesto siempre con el recuerdo de esa persona en mente, pero con el fin de que este recuerdo nos haga luchar no hundirnos más, que nos anime y nos inspire a conseguir todo lo que nos proponemos. Se que ahora no concebis que haya un mundo más allá de esto, un mundo sin esa persona pero pronto entenderéis que la vida es así. Qué nos empuja, nos tira..pero debemos levantarnos. Y hacer sentir orgulloso a esa persona o personas que nos faltan y que nos querrían ver feliz. No es fácil pero tampoco imposible. Con esfuerzo, optimismo, ganas, afán de superación todo se consigue. También se que vuestras noches se resumen en la almohada cubierta por un reguero de lágrimas y vuestra mente castigada por dolorosos y constantes pensamientos. Pero también estoy segura de qué tenéis apoyos. Incluso donde menos os lo imagináis. Así que por favor, mirar de nuevo, abrir los ojos, esos ojos que se encuentran cerrados. Este mundo es un mundo infinitamente bello y no podemos seguir ciegos autoalimentandonos de dolor hasta la saciedad.
En el momento en el qué oigo los aplausos sé que estoy llorando. No de alegría o de tristeza. Sino de haber podido escuchar las palabras que tanto ansiaba y nadie podía haberme dicho en todos estos meses. La chica anuncia que hay una visita sorpresa y me giro a la puerta de cristal. Reflejada se observa la figura de mi madre y mi hermano, la primera lagrimeando a más no poder y el segundo conteniendose. Sin pensarlo dos veces me lanzo a sus brazos, consciente de que algo ha empezado a surgir en ese vacío, y consciente también de que aunque lleve su tiempo podré superar todo este dolor y esta oscuridad y por supuesto llevándome un gran lema: Mira de nuevo.

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