Un paísaje en el cual miles de miradas se posaron, miles de abrazos se sucedieron, cientos de promesas de amor murieron..Un paisaje centenario, libre de la contaminación humana, libre de hipocresía, mentiras, prejuicios, leyes, criterios, normas. Solo libertad. La belleza hecha presa que se libera. Por muchas ganas que tenga de irme, de dejar todo atrás y empezar de nuevo no podré evitar echar de menos mis paisajes de siempre, que se han memorizado en mi mente detalle a detalle desde qué nací. Lugares increíbles que tenemos como rutina. Está claro que lo malo siempre opaca lo bueno. Pero sé, que este donde este me acordaré de mis paisajes, de mi lugar, de mi origen, de esa libertad que me ofrecían pequeños rincones en medio de tanta incomprensión. Sé que vaya a donde vaya me acordaré de las miles de cosas que viví entre estrechos callejones, verdes parques, un río sonado, unas fiestas especiales dónde el rojo es el color de la unidad o una deslumbrante catedral. Nunca, nunca olvidaré mi origen.
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