Cuenta una leyenda que en alguna parte de este gigantesco mundo, hay lágrimas que saben a felicidad, dónde las nubes oscureciendo el celeste cielo se considera un buen augurio y el azul es el color de la sangre que transportan nuestras venas. Cuenta una leyenda que en algún lugar la gente tiene miedo a reírse, presa de prejuicios y dictaduras, encadenada a gruesos principios y leyes absurdas. Cuenta una leyenda qué en el rincón mas inhóspito y pobre de este planeta las caricias y los besos valen su peso en oro, qué los móviles son figuritas de barro y las televisiones son danzas ancestrales en torno al fuego en luna llena.
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