Hoy los árboles susurran tu nombre, provocando en mí una cruel nostalgia. Hoy las nubes dibujan tus ojos pardos mezclados con el atardecer rojizo, preguntándome una vez más donde estarás. ¿Que será de ti? ¿Te acordarás de mí? ¿Recordarás nuestros diarios paseos, nuestros perpetuos abrazos, nuestras miradas congeladas en un sueño frágil y etéreo? ¿O quizá la espesa niebla de el olvido haya surtido efecto en ti arrebatandote todos tus recuerdos? Nunca lo sabré. Porque te has ido. Ya no estás. Tu ausencia pesa en mí como una carga pesada, cada día es peor que el anterior, me despierto en medio de la noche balbuceando tu nombre, ansiando el calor de nuestros cuerpos unidos en ese baile frenético llamado amor. Me causa pavor imaginarme una vida entera sin ti. Mi corazón hecho añicos se pregunta la razón de sus latidos ahora que ya no estás. Mis dedos que antes temblaban ante el contacto de tu piel se encuentran ahora sin vida. El dolor es sano pero a la vez inhumano, chupando toda mi alegría y mis ganas de vivir ahora que ya no estás aquí. Tu sombra me sigue, vigilandome, haciéndote real. Musito tu nombre en mis plegarias, en mis pesadillas, en mis llantos. Pasa el tiempo y el vacío sigue ahí, no soy capaz de llenarlo, torturándome y ilusionandome con la idea de que algún día volverás, si, volverás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario