domingo, 2 de noviembre de 2014

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Qué tu hielo derrita mi fuego, que tus pupilas plateadas me reconforten, qué tus palabras pronunciadas cual
 nana sean cómo un sedante para mis sentidos. La noche es larga y helada, aquí, en las profundidades de tu alma, aquí, en los recovecos y secretos de tu roto corazón, aquí, en los límites de la bondad y la maldad. Una línea tan fina separando algo tan enorme. Piénsalo dos veces antes de dar un paso en falso. A veces, la luz puede cegarte demasiado y  a veces la oscuridad puede engullirte.

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