domingo, 16 de noviembre de 2014

No puedes imaginarte las noches de soledad, las lágrimas vertidas en fracasos y remordimientos taladrando mi mente, segundo a segundo, minuto a minuto, hora tras hora. La impotencia  que aflora como un sentimiento contradictorio, haciendo que mi estómago arda de la rabia almacenada. No puedes imaginarte cuán paciente soy, no tienes conocimiento de el dolor que alberga mi interior, la apariencia es una valiosa fachada qué se resquebraja con cada golpe. Mira detrás de mis pupilas, dilatadas por la verdad y el engaño. No puedes imaginarte las miles de palabras que se clavan en mí como dardos venenosos cumpliendo su objetivo, desmoronandome. Hundiéndome en el fangoso barro, en las heladas aguas, en el hoyo mas hondo. No puedes imaginarte mi sensibilidad, mi peor defecto, mi ausencia de autoestima, de poseer una gran fortaleza para que nadie me cuestione. No te lo puedes imaginar. Por lo tanto, no me puedes juzgar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario