Una sombra se deslizaba sigilosa en la oscuridad de la noche. La luna pálida y sonriente velaba desde lo alto del cielo.
Un camino de huellas en el barro. El chasquido de las hojas secas. Un búho voló cerca de ella sobresaltandola. Su larga melena con tirabuzones caía como una cascada de oro con gracia sobre su espalda. Sus grandes ojos grises escrutaban el frente con desesperación a la vez que sus piernas corrían con la máxima velocidad posible. De vez en cuando,se giraba para ver si la seguían. Esperaba ver a dos hombres encapuchados con túnicas negras pero no había rastro de ellos. Satisfecha de comprobar que sus perseguidores se habían dado a la fuga, se dejó caer en el tronco de un sauce. Miro embobada a su alrdedor y comprobó que se encontraba en un bosque. Un boque más que silencioso. Solo se escuchaba el leve murmullo del agua. Supuso que un arroyo cruzaba el bosque misterioso. Debía de haber corrido unas dos horas aproximadamente. Sentía cientos de miradas curiosas clavadas en ella. Los animales nocturnos acechaban. Se levantó y sacudió sus rodillas manchadas. Pensó que lo mejor era renaudar el camino pero se quedo paralizada. Una luz emanaba del sauce. No tardó en descubrir que en el interior del viejo arbol se encontraban miles de luciérnagas iluminando con su esplendor todo lo que se encontraba a su alrededor. Era un ritual mágico. Y lo único bueno que le había pasado durante todo el día.
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