domingo, 18 de mayo de 2014

Tus ojos anegados en lágrimas te impiden ver con claridad. Tus nudillos ensangrentados arden con fuerza. Ante tí, se encuentra lo que mas amas y temes. Tu forma de desahogarte. El recuerdo vuelve a tu mente imparable. Aprietas las manos y vuelves a la carga. Puñetazo tras puñetazo. La pared color salmón resiste con valentía los golpes. Cuando ya no puedes más y por tu pijama cae un reguero de sangre paras. Y te cuestionas lo que acabas de hacer. Para tí es algo normal. Cada vez que sientes rabia o impotencia te descargas así habiendo miles de formas de hacerlo. Te dañas a ti misma y piensas que no pasa nada. Tus manos no son lo único que está dolido. Tu corazón es una bomba de relojería que en cualquier momento estallará. No dejas que nadie te ayude,te encierras en una burbuja. Cambias, más de lo que quisieras y no te das cuenta. Y cuando lo haces, es demasiado tarde.

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