Sus musculos agarrotados agradecían el suave contacto del agua. Inspiró y expulsó el aire que retenía y optó por relajarse en la bañera. Hoy había sido un día duro. Un día gris. De esos en los que darías todo por quedarte en la cama tan plácidamente, esos días en los que solo había obstaculos y malas caras. Su pelo rojo mojado caía en cascada sobre su pecho desnudo. Ultimamente todo le salía mal. Todos se alejaban de ella. Parecía un imán de problemas. No había arcoiris ni cuentos de color rosa, solo le dominaba un instinto de supervivencia. Ya no había ningun hombro en que llorar, ninguna persona con la que reír hasta que le doliese el estomago. Hasta las que creía que eran sus mejores amigas se habían ido. Como si 3 años no fueran motivo suficiente para permanecer a su lado. Era una mala racha, y la estaba pasando sola. ‘Al final,solo nos tenemos a nosotros mismos.' pensó. Miles de recuerdos bombardeaban su cabeza y se negó a sí misma derramar una sola lágrima más. Su corazón estaba roto, sus aspiraciones y metas en la basura y sus amistades lejos de ella pero no les iba a satisfacer mostrandose débil. Ella era fuerte como una roca. Pero frágil como el cristal. Y sin quererlo, dos pequeñas gotas cristalinas salieron de sus ojos grises obligandola a soltar un suspiro. Se prometió a sí misma que todo pasaría. Que todo cambiaría a mejor. Pero lo que ella ignoraba, es que estaba en un pozo negro, y para salir, necesitaba una cuerda.
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