lunes, 15 de septiembre de 2014

Diferent

Tic tac. Tic tac. Tic tac. El reloj nos apremia. El tiempo transcurre. Pide un deseo a una estrella fugaz con los ojos cerrados. Sopla las velas de tu tarta de cumpleaños rememorando el pasado y esperando con ansias el futuro. Aspira y consigue tus metas. Comete errores, aprende lecciones. Llora y sonríe. Para eso vivimos ¿no? Para experimentar. Para probar. Para equivocarnos, acertar, decepcionarnos, alegrarnos, reflexionar. Los humanos somos seres complejos. Cuando poseemos algo valioso que nos completa y nos da felicidad no lo cuidamos y lo perdemos. Y entonces nos lamentamos y nos quejamos. Nos está bien empleado. Somos impulsivos. Descarados. También somos débiles. Débiles ante las opiniones de las demás personas. ‘El qué dirán' se instala en lo más profundo de nuestro corazón carcomiendonos. Vivimos con miedo a ser nosotros mismos, a dejarnos llevar y no aparentar. Nos camuflamos con un disfraz. Pero el disfraz nos apreta. Nos atosiga. Nos ahoga. No podemos seguir mucho tiempo así. Y cuando menos nos lo esperamos, llegan personas que nos ayudan a bajar la cremallera del disfraz, que nos revelan, nos hacen sentir que no somos diferentes, que somos especiales,que debemos querernos y aceptarnos a nosotros mismos con nuestras virtudes y defectos. Que la gente habla por hablar, y eso si que es un defecto muy malo, no es nada malo ser diferente, si todos fuesemos iguales no sería divertido. Y tanto da, además, lo normal, aburre.









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