sumiendo el todo en un caos sin nada.
Cómo si ese caos fuese nuevo, imaginémonos por un segundo que es así,
convirtámonos en escépticos en un mundo de crédulos.
Y celebremos esa incredulidad mientras el cielo se desvanece en pedazos,
desmascarando esa gran mentira en la que todos participamos, conscientes o no.
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