lunes, 25 de enero de 2016

¿Beauty or brain?

La contemplé hasta la saciedad. Sin cansarme, mis pupilas dilatadas por su compleja belleza no perdían ni un solo movimiento de sus manos, de aquellas gráciles manos que parecían talladas en mármol blanco. Sus pies desnudos, sus pies egipcios me sonreían formando una sonrisa con aquellos pequeños dedos. La sonrisa que no llegaba a su boca, la cual estaba curvada en una mueca de desdén. Y en ese mismo momento, admirando sus delicados rasgos, su porte,su esbelto cuerpo y su elegancia me di cuenta que sería la última mujer en hacer feliz a un hombre como yo. No había signos de gentileza ni de humildad en su actitud, no le había escuchado reír ni había apreciado ni siquiera una media sonrisa, su ceño parecía estar constantemente fruncido y sus ojos no chocaban con los míos. No podían chocar con los míos porque yo era un simple mortal al lado de una diosa griega. Yo era un esclavo mientras que ella era una faraona. Yo era un mísero gajo de pan mientras que ella era un plácido banquete. Podía comportarme como ella, era apuesto, el dinero no me faltaba y el carisma era una de mis múltiples virtudes. Pero había una cosa que nos diferenciaba; yo no quería ser así. No quería mirar a las personas por encima del hombro, yo no era así, la honestidad y la sencillez eran lo que siempre me había cautivado. Haciendo esta reflexión en mi yo interior, me descubrí dejando varios fajos de billetes en la mesa y dejé boquiabierta a la pelirroja marchándome de aquel lujoso restaurante causando algo más que desdén en su mirada; rabia. Algo era algo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario