Y, un año que se va y otro que viene, un número más que sumar a la lista. 365 días más. Unos mejores peores que otros. No puedo decir si ha sido un año bueno o un año malo. Quizá la palabra que mejor lo defina sea diferente. Sin duda, ha sido un año de cambios.
He conocido a fondo a personas y he descubierto tesoros, de esos que no relucen como el oro sino que transmiten una paz y un amor. incondicional. He desconocido a otras tantas personas por así decirlo, llegando incluso a derramar lágrimas y lamentarme cuando yo no había dejado de ser la misma, y cuando los que habían decidido irse eran ellos. Así es la vida. En el momento te duele, te sorprende, te irrita, te hace sentir tan insignificante como una hormiga. Y sobre todo, te hace sentir prescindible. Pero el tiempo te hace darte cuenta de que debes dar prioridad a quien te la de a tí, que de las decepciones y las pérdidas siempre se aprende algo, bueno o malo, pero toda lección en el futuro es algo beneficioso.
Este año los kilometros han sido los protagonistas. Ellos mismos me han separado de grandes amistades, privandome de la compañía de las que, uña y carne o no, con toda la confianza del mundo o con no tanta, me he sentido vacía sin su presencia. Estados Unidos es lo que tiene. Finlandia nada le tiene que envidiar. Y por supuesto, la capital por excelencia, Madrid, no se queda pequeña.
He aprendido a echar de menos. Pero a echar de menos de verdad. A convivir con una persona 7 horas o muchas más al día para después estar separada 9 meses.
He reído con los de siempre, esas personas que por muchas discusiones, malentendidos, diferentes puntos de vista o críticas que haya entre vosotros el cariño siempre acaba ganando, por desgracia o por suerte.
He aprendido a odiarme pero también a quererme. He aprendido que no todo el mundo haría lo mismo que yo haría, que cada uno somos un mundo, (frase que entraña una especial anécdota de una de las personas a las que más quiero)
He aprendido que el mundo ha sido así, es así y será así. Por muy mal que te sientas, por mucho dolor que albergues, no se para por ti. La vida sigue su curso. Sigue adelante. Y aunque suene muy fácil decirlo y muy difícil hacerlo, la realidad se impone a la ficción.
Este año, he aprendido a ser agradecida, a ser comprensiva, tolerante y a tener compasión. Por supuesto, todos estos valores los he aprendido al darme cuenta de que estaba siendo egoísta, intolerante y caprichosa en algunas ocasiones.
Por último, he aprendido que quien te quiere no puede hacerte daño intencionadamente. Que quien te quiere te aceptará con tus pros y tus contras. Y ahí reside el quid de la cuestión.
Querido 2016, espero mucho de ti, espero mucho de muchas personas, y espero mucho de mi. Brindo por un año de promesas, reencuentros, sonrisas, lágrimas, cambios, nuevas experiencias y miles miles de cosas más.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario