viernes, 4 de septiembre de 2015

Tan triste como una sonata cantada a la luna,
tan melancólica como aquel mes de enero,
tan risueña como la golondrina que anida en los cerezos en flor,
tan bonita como la única rosa negra del jardín,
tan serena como el arroyo que yace silencioso,
tan inexplicable a la vez, ella.
Ella,
como esa melodía de piano que quisieras aprender a tocar,
pero,
no puedes, o tal vez no debes.
Intentarás interpretarla, intentarás acariciarla con parsimonia, más sus cuerdas, frágiles, se desvanecerán.
Intentarás robarle unas palabras,
pero pronto te darás cuenta de que no las necesitarás ya que con tan solo una mirada suya tocarás Neptuno,
Venus,
Mercurio,
qué mas da.
Vislumbrirás las estrellas,
con apenas un suave aleteo de sus pestañas,
atravesarás con tu propia daga la cordura y el corazón que antaño te perteneció.
La chiquilla muda y obsequiada con tantos adjetivos te perseguirá con esos ojos azabache hasta el fin de tus días.
Y tú, tonto, bobo, extasiado, perplejo, locamente chiflado.. lo permitirás.
Ella será la reina de los corazones y tú una simple dama.
El jaque mate no tardará en hacer presencia.

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