Castillo de naipes que se derrumba solo,
dime dónde la puedo hallar,
una pista te suplico,
no más.
Reina de corazones,
jugadora aviesa,
que rastrea el engaño por experiencia,
a la que todos temen,
y la que nada teme.
Se caerá el cielo,
hecho añicos,
y mi desesperación será igual,
buscando su sonrisa traviesa,
en la oscuridad de este marzo madrugador,
sus pupilas se vuelven violetas,
y la encuentro, y la veo,
y mi corazón desbocado recobra su ritmo.
Y mi adicción se convierte en cura,
la más dulce,
la mas mordaz,
la más temeraria,
la única que me puede salvar.
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