Evadirse de la realidad no es la solución. Pero quizá es la mejor respuesta a esa constante rutina que cada día me amolda como una figura de barro, me seca poco a poco. Quizá refugiarme en la ficción sea mi única esperanza y de algún modo, los seres mitológicos o aventureros que conviven en mundos remotos y fantásticos me aportan lo que este contaminado mundo no puede. Hastiada de personas, me refugio en historias, encontrandome por primera vez llena de plenitud, hundiendo mis barreras y mis prejuicios.
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