Las luces opacaban el brillo de los luceros colgando en el manto estrellado. Anna expulsaba el humo inyectado en sus pulmones con parsimonia, calada tras calada. Pensaba que el tabaco era su única medicina, su única terapia para mantener la mente despejada. Cuán equivocada estaba. Destrozandose minuto a minuto yacía en aquella medianoche acalorada. ¿Qué estaba haciendo allí? Nada tenía sentido. Todo, absolutamente todo carecía de importancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario