Una fuerte presión en su pecho le instó a despertarse. Jadeando, abrió los ojos y se encontró de frente con la negrura de su habitación. Con la cabeza dandole vueltas y su delicado cuerpo temblando se incorporo lentamente en su cama. Otra vez esa pesadilla. Esa pesadilla infernal que atormentaba sus noches y no le dejaba pegar ojo. Caminó hasta la cocina dónde el gran reloj de la pared marcaba las cuatro de la mañana. Aún faltaban cinco horas para ir a la universidad. María decidió preparse un café. Se sentó y disfruto de su amargo sabor recorriendole el paladar. Embobada, se quedó mirando a un punto fijo. Un ruido proveniente del salón le sacó de su ensoñación. Con el estomágo hambriento y los ojos enrojecidos del cansacio se dirigió al salón. A tientas, encontró los interruptores de la luz, un ’clic' iluminó la enorme habitación. Echo un vistazo a su alrededor pero no parecía haber nada extraño. Apagó la luz y ya se estaba dando la vuelta para regresar a su café el cual le esperaba frío ya cuando un sonido seco le aturdió y un sudor frío le recorrío la columna vertebral. Las ventanas del balcón se encontraban abiertas de par en par y una silueta se recortaba silenciosa en la oscuridad. María se quedó estática, sin poder reaccionar. Observó como el sujeto avanzaba a grandes zancadas al centro del salón y pudo distinguir su rostro bañado por la luz de la luna. Sus rasgos eran de un típico inglés, sus ojos azules y su larga cabellera rubía le daban un aspecto demasiado atractivo, por no hablar de sus gruesos labios los cuales se mantenían fuertemente apretados. El desconocido hizo un amago de acercarse a ella y eso fue lo que impulsó a María a coger el jarrón chino el cual tanto odiaba y arrojarsélo. El desconocido esquivó con agilidad y brillantez el objeto, casi divertido. María sentía que las piernas le fallaban y que el aire se le escapaba cuandi vió brillar el gatillo de una pistola en el bolsillo de su inesperado ‘visitante.' Fue entonces cuando sus piernas cobraron vida y adquirieron una velocidad sobre natural. Su objetivo era llegar a la puerta principal y pedir auxilio. Pero nunca lo cumplió. Sintió una venda atada en su boca, atrapando sú grito ahogado. El sujeto le ató las muñecas y le sentó en el sofá color beige. Le retiró con delicadeza la mordaza y María respiró con normalidad. Entonces habló. Su voz ronca y sensual le desconcertó por completo.
- Vaya maría, quién iba a decir qué te convertirías en una chica tan guapa..
-¿Quien eres? ¿Acaso me conoces?*Tartamudeó*
-¿Tú no me recuerdas?
-No.
-Una pena..
Un silenció se prolongó varios minutos antes de que estallase la bomba.
-Yo, querida y dulce María, soy tu peor pesadilla.
Boquiabierta, observó casi sin respirar a su captor deslizar la negra pistola hasta su cabeza provocandole un hormiguero en la sien. Casi por instinto clavó sus ojos en aquellos ojos agua marina que le observaban con desconfianza. María penetró en su mirada para implorarle piedad. Un desagradable ruido le hizo saber que aquello era el fin. El seguro de la pistola. Sintió que presionaba el gatillo y escuchó las que serían sus últimas palabras:
-Felices sueños, ángel.
Y entonces, su vista se nubló, una gran mancha roja se apoderó de su cabello y lo último que vió fue una delgada lágrima escapandose de aquellos ojos tan azules.
- Vaya maría, quién iba a decir qué te convertirías en una chica tan guapa..
-¿Quien eres? ¿Acaso me conoces?*Tartamudeó*
-¿Tú no me recuerdas?
-No.
-Una pena..
Un silenció se prolongó varios minutos antes de que estallase la bomba.
-Yo, querida y dulce María, soy tu peor pesadilla.
Boquiabierta, observó casi sin respirar a su captor deslizar la negra pistola hasta su cabeza provocandole un hormiguero en la sien. Casi por instinto clavó sus ojos en aquellos ojos agua marina que le observaban con desconfianza. María penetró en su mirada para implorarle piedad. Un desagradable ruido le hizo saber que aquello era el fin. El seguro de la pistola. Sintió que presionaba el gatillo y escuchó las que serían sus últimas palabras:
-Felices sueños, ángel.
Y entonces, su vista se nubló, una gran mancha roja se apoderó de su cabello y lo último que vió fue una delgada lágrima escapandose de aquellos ojos tan azules.
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