Tanta gente que se oculta bajo sus paraguas tan dispares de colores,
algunos esmeralda,
otros celeste cielo,
otros rojo manzana..
y se protegen de las lágrimas que algunos dejan escapar en sus días grises,
haciendo que la llovizna una vez al año arrase con todo,
con los corazones mas débiles,
y los más fuertes.
Un día al año el sol se convierte en guardián de la nostalgia,
y los abrazos se convierten en escudos contra esta fina capa de diamantes molidos en forma redonda.
Un día al año las personas se despojan de sus máscaras y desvelan su verdadero rostro,
inseguros, dando un paso adelante con un temblor constante y zigzagueante en las piernas,
temerosos de no encontrar lo mismo.
Un día al año, el cielo se cubre de luces negras y oscuras cómo las estrellas que iluminan más que el sol intermitente.
Y, una vez al año, se les permite a las personas no sonreír. Hay algún travieso que se salta esa norma, pero, qué se le va a hacer.
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