lunes, 2 de noviembre de 2015

Y viceversa.

Hace tiempo que no se cómo debo sentirme. Unos días, sonreír es demasiado fácil, reír, reír y reír. Otros, sin embargo, una sensación de vacio se apodera de mí. Me convierto en una constante llovizna, empapando todo cuan me rodea. Extraño a personas segundo a segundo, consciente de que ese sentimiento no es recíproco. Y me hundo en la autocompasión. Y, ¿me ahogo? No, salgo indemne del fango. Hace tiempo que aprendí a hundirme y a sacarme yo misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario