Cuándo llega el momento en el qué quieres escribir por el mero placer y no sabes cual tema abarcar, las invisibles alas de la imaginación se desplegan y sobrevuelan la mente intentando hallar algún mísero pensamiento valioso. Creo que hoy, viernes ya, a las dos y media de la mañana, es mi momento. Hacía tanto que no escribía, qué había olvidado lo mucho que me gusta y me relaja. Es ya una parte de mí. Sueno pesada, ya lo sé. Creo que sólo cuándo escribo soy yo cien por cien. No estoy limitada, albergo ninguna atadura. Sólo mi mente y yo. Mi teclado, mis letras, mis palabras, mis extravagantes ideas, mis rimas sin sentido..
Está claro que no soy ninguna profesional. Qué no poseo un extensisimo vocabulario ni en mi cabeza se reproducen historias constantemente. Soy una aficionada. Tal vez ni eso. Sólo una adolescente qué pasa sus horas refugiándose en el simple traqueteo de las teclas de su portátil escribiendo cosas vanales. Y, de momento, esto me llena, y me completa. Me hace sentir que valgo para algo, qué no soy un desecho social y qué también hay un hueco para mi en este caótico mundo.
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